Paulina Vodanovic ¿Renovación en el PS?

por La Nueva Mirada

La elección de Paulina Vodanovic como nueva presidenta del Partido Socialista, la segunda mujer en ocupar este cargo (antes ocurrió con la senadora Isabel Allende), pareciera una buena señal. No sólo por aquello y su perfil generacional (52 años), que acentuaría cierta renovación de liderazgos internos. También porque en el sistema de elección indirecta que tiene ese partido (son los 110 miembros del Comité Central los que eligen la directiva) se respetó la clara primera mayoría alcanzada por Paulina Vodanovic en la reciente votación de las bases partidarias

Hija del exsenador y ex integrante del Tribunal Constitucional, Hernán Vodanovic, la abogada que se desempeñara como subsecretaria de las FF.AA. en el gobierno de Michelle Bachelet y luego asumiera la presidencia de la Fundación Horizontes Ciudadanos, vinculada a la expresidenta, postuló, sin éxito, a senadora por la región metropolitana, alcanzando la respetable suma de 71, 205 sufragios.

En las elecciones internas del PS, Paulina Vodanovic obtuvo una holgada primera mayoría (obligatoriamente los militantes deben votar por un hombre y una mujer), seguida por Camilo Escalona, que asume como secretario general y por el senador De Urresti, que se integra a la nueva directiva como uno de sus vicepresidentes.

Identificada con el llamado Tercerismo, Vodanovic compitió en la lista de Unidad Socialista, que obtuvo el 72,90 % de las preferencias, en  una alianza que reunió a cinco tendencias (Nueva Izquierda, liderada por Camilo Escalona, el ya referido Tercerismo, al cual pertenecen los senadores Elizalde y De Urresti, Grandes Alamedas, vinculada a la senadora Isabel Allende, Renovación Socialista, que se asocia con la figura del ex senador Ricardo Núñez y el ex diputado Marcelo Schilling y el Colectivo Socialista, asociado a Sady Melo, ex alcalde del Bosque y su hijo,  el actual diputado Daniel Melo). Una alianza inédita, que reflejaría que los socialistas están compartiendo consensos fundamentales, algo no tan frecuente en otras agrupaciones partidarias.

Las otras dos listas en competencia, Socialistas de Izquierda (4.93 %) y Socialistas por un cambio necesario (14,81%), representaban la llamada disidencia a la directiva que presidía Álvaro Elizalde, aun cuando no existen grandes diferencias en materia de política de alianzas, el apoyo al nuevo gobierno y la opción por el apruebo a la nueva Constitución.

Paulina Vodanovic asume la presidencia del PS, con el déficit que puede implicar no integrar el parlamento, instancia que concentra buena parte de la actividad política del país.

La resiliencia socialista

El PS se sostiene como el partido de la ex Concertación que mejor ha enfrentado la crisis que ha cruzado transversalmente a quienes constituyeron el eje de aquella coalición. Así reivindica sumar 7 senadores y 13 diputados, 4 gobernadores regionales, 23 CORES, 29 alcaldes, 269 concejales y 14 integrantes de la convención constituyente, más dos independientes elegidos en lista partidaria.

Un curioso caso de resiliencia política, que no es lo mismo que afirmar que el PS haya sido inmune a la crisis que afecta a los partidos políticos. Está a la vista la sangría electoral que ha reducido su representación parlamentaria y la pérdida de alcaldías y concejales a lo largo del territorio.

 La extensa política de alianzas que lo uniera a la DC llegó a su fin de la mano con su fracaso en las primarias para elegir a lo(a)s candidato(a)s a la presidencia de la república. El PS postuló tardíamente y sin éxito – por rechazo de la DC como de Apruebo Dignidad – primarias amplias y sin exclusiones de toda la oposición. La decisión de concurrir a las primarias de la izquierda se vio frustrada por el veto del PC y sectores del Frente Amplio a sus aliados del PPD y PRSD. No se puede olvidar que la precandidata presidencial del PS, Paula Narváez, fue derrotada por Yasna Provoste, en primarias con la DC, mientras no pocos militantes y algunos dirigentes optaban por adherir a Gabriel Boric en las primarias de la izquierda y en la primera vuelta presidencial. En segunda ronda, tanto el PS como el conjunto de la centroizquierda terminaron apoyando resueltamente al actual mandatario.

Ahora, el Partido Socialista se ha transformado en relevante y activo integrante del oficialismo, con la inédita fórmula de un gobierno y dos coaliciones, integrando destacadas figuras ministeriales, cercanas al PS o militantes, como los titulares de Hacienda, Relaciones exteriores, Vivienda, y el subsecretario de Interior a cargo de seguridad pública, así como un nutrido elenco de relevantes asesores, ejecutivos de empresas públicas y embajadores.

En la convención constituyente, el colectivo socialista se constituyó como un factor crecientemente incidente en los acuerdos mayoritarios, a costa de no pocas tensiones con grupos polarizados de la instancia.

La política de alianzas del PS – que debe ser ratificada por un próximo congreso ordinario, postergado para después del plebiscito del 4 de septiembre – lo vincula al llamado socialismo democrático o social demócrata, como lo describe el PC, integrado por el PPD, PRSD y Nuevo Trato (liberales y ex frenteamplistas). Es difícil imaginar, sin embargo, que estas fuerzas puedan converger en una sola fuerza política, en el corto o mediano plazo.

Las definiciones políticas de la nueva dirección socialista

Reconociendo que existen diferencias, tanto políticas como programáticas, la mayoría de los socialistas apuesta a la idea de una gran coalición por los cambios que, idealmente debiera incluir desde los sectores progresistas de la DC, hasta el PC, aunque existen razonables dudas respecto de la viabilidad de dicho proyecto, al menos en el corto plazo. En el largo plazo, los socialistas aspirarían a construir una gran fuerza socialista y democrática, que incluyera a los sectores del Frente Amplio que se reconocen en estas vertientes.

En términos estratégicos el desafío principal reside en otorgar sustancia y contenidos a la idea de un estado social y democrático de derechos, como el que ha aprobado la convención constituyente.

El desafío no es menor. El llamado “estado de bienestar” impulsado por los partidos social demócratas europeos ha entrado en crisis en la mayoría de los países, por más que la social democracia haya cobrado mayor vitalidad en los últimos tiempos en algunos de esos países, en tanto que la llamada izquierda contestaria o nueva izquierda no termina de perfilar sus señas de identidad.

Tal como lo señalara la nueva timonel del PS, las dos prioridades centrales para los socialistas en el próximo período, es jugarse por la aprobación de la propuesta de nueva constitución, aun si deba ser perfeccionada a futuro, y por el éxito del gobierno de Gabriel Boric, asumiendo que la alternativa de un fracaso podría exponer al país a aventuras de corte populistas, más bien de derechas o extrema derecha.

La idea propuesta por senadores demócratas cristianos de rebajar el quorum para reformar la actual constitución a cuatro séptimos, ha sido asumida por los socialistas e incluso por una parte de la DC, como una verdadera trampa. Un esfuerzo por reforzar la opción por el rechazo para reformar, o la imaginaria   tercera vía, que devolvería el derecho a veto a la derecha, con su empate a nivel del Senado.

Faltan poco más de dos semanas para que la convención constituyente entregue su propuesta de nueva constitución, que el proceso de armonización como las normas transitorias han contribuido a afinar y comprimir.

A partir del cuatro de julio se inicia la batalla por el plebiscito, que podría polarizar al país en dos bandos irreconciliables, con una masa no menor de indecisos o dudosos, pero que, en su mayoría, comparten la necesidad que el país cuente con una nueva constitución, reconociendo que la actual ya está obsoleta, como lo ha reconocido la propia derecha, con su tramposa propuesta de rechazar para reformar.

Lo que queda pendiente es resolver si la mayoría del país recoge el arduo trabajo de los convencionales a lo largo de todo un año para aprobar la propuesta y a partir de allí perfeccionarla en todo aquello que sea necesario, o le devuelve al actual parlamento, fuertemente disgregado y sin mayorías claras, las facultades constituyentes para negociar un nuevo texto constitucional. Si la convención no registra buenos niveles de aprobación en su desempeño, habría que preguntarse cómo le va al parlamento, asumiendo su propio desprestigio y bajísima evaluación en la opinión ciudadana.

Las tareas que asume la nueva dirección del PS, presidida por Paulina Vodanovic, no son fáciles de llevar a buen puerto. Tampoco lo son para el gobierno y las coaliciones que apoyan su gestión. Como otros momentos en su historia, el país se enfrenta a una disyuntiva con desafíos mayores y esta vez inéditos. Avanzar gradualmente en un proceso de cambios profundos, manteniendo el orden y la paz social para garantizar crecimiento y urgente equidad; o transitar por la inestabilidad institucional, con las fuertes tensiones sociales y políticas que estuvieron en el origen de la crisis terminal de la administración de Piñera el 2019.

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