Calores de miedo me estrujan todavía más gotas de traspiración; un esmog picoso corroe el fondo de mis pulmones; sé que muero. El cambio climático me refriega los ojos con el exceso del progreso, no su ausencia. Hay falta de cuidado, no de ciencia y tecnología. Extensos campos de pinos en las viejas tierras de los Lof testimonian una demasía de progreso, no de déficit. Capitalismo y modernidad; echo de menos cuidado. De naciones enteras. Reclaman trato digno millones incorporadas a progresistas celulares e Internet. Lo intangible del cuidado, no estándares estadísticos per cápita. La crisis mundial financiera de 2008, la miseria de millones provocada por un pequeño des -cuido del progreso de la ciencia económica. No es por falta de progreso que se reclama por la desigualdad, es por el exceso descuidado. Condicionamiento operante, des – sensibilización sensorial, castración química… Progreso científico, ausencia de cuidado. La crueldad de los estrechos tamices cuadriculados del progreso contra los géneros y realidades intermedios, difusos, que no pasan por ellos. Contra las mujeres liberadas por el trabajo capitalista, el progreso, de la esclavitud de la familia, entregadas sin cuidado a machos en fábricas y oficinas. El Siglo XX es una frustrante escombrera de proyectos progresistas sin cuidado; aunque de eso el progreso nada sabe. Sigue adelante mandándose solo.

¿Quién se calienta con el progresismo, todavía? No sé. Encuentro que no sintoniza con el ruido de fondo de la brisa y las olas, los murmullos en la Internet, las risas de las nuevas identidades en las plazas, el desasosiego urbano, el misterio; sobre todo, desafina con preguntar. Como industrialización, subdesarrollo, fomento y Alianza para el Progreso. Me bajonea el esperanzado optimismo en la combinación de ciencia y democracia, dado por obvio. Me recuerda a la Doris Day. A ver si aprendemos a cuidar. Sería mejor, digo yo.