Tiene algo peligroso el racionalismo. Por Mario Valdivia V.

por La Nueva Mirada

Anda mucho fuego por aquí, se decía cerca de Chillán ante un incendio forestal. Anda mucho racionalismo por aquí, podría decirse hoy en Chile. Que todos los acontecimientos del mundo – incluidas nuestras acciones – tengan una razón suficiente para explicar que son como son, y no de otra manera, puede parecer evidente. Contradictorio consigo mismo – no cuenta con una razón suficiente que lo justifique -, es un axioma metafísico. Un principio inventado que concitó tanto apoyo que coronó la era histórica del Iluminismo. Heredero por costumbre invisible, me imagino, de la creencia en la Razón Divina detrás de todo lo creado.

Si examinamos nuestra vida cotidiana, es obviamente falso. Actuamos y decidimos normalmente por costumbre, con la inercia de habilidades adquiridas y hábitos del corazón, sin razón justificante (que no sean acomodaticias racionalizaciones ex post facto). Los fenómenos naturales y sociales a nuestro alrededor emergen desde contingencias; singularidades, más que generalidades. Sin embargo, vivimos intercambiando razones que justifican lo que hacemos y explican los fracasos ajenos. Explicar y justificar los acontecimientos del mundo presupone una mente externa a éste, no un agente activo, lanzado a decidir, actuar y tomar responsabilidad.

Quizás en esto estriba la atracción del racionalismo. Al suponer que el mundo es una colección de razones a las que obedecen las prácticas y la acción, se instala encima de éstas y pontifica desde las tribunas. Crea así un mundo con unos pocos actores responsables y muchedumbres de opinantes que no meten las manos en la masa ni toman responsabilidad. Incluso la acción responsable, atenta a las singularidades, es sustituida por protocolos generales. Si algo sale mal, ya se sabe: falló el protocolo. No hay para qué trabajar, educar, formar, crear maestría y responsabilidad, basta con diseñar protocolos – basados en razones suficientes.             

También te puede interesar

Deja un comentario