Tod@s quieren ser presidente (a)

por La Nueva Mirada

El 23 de agosto vence el plazo de inscripción de candidatos y aun no es claro quiénes serán los competidores, pero aspirantes no faltan. Mas bien sobran, al decir de algunos sectores.

No serán los 18 candidatos que compitieron por la presidencia en Perú, pero, perfectamente seis o siete. Dos en la derecha. Sichel y José Antonio Kast. Uno por el pacto de la izquierda, Gabriel Boric. Uno o una por la Unidad Constituyente, que resolverá en la consulta del próximo 21 de agosto. Eduardo Artés, por el partido comunista Acción Proletaria (maoísta). El ex sindicalista Cristian Cuevas, por la lista del pueblo, al que se le ha llenado de piedras el camino en pocas horas, pudiendo agregarse otro(a) postulante del mismo sector. Y bien pudiera ser que el llamado “partido de la gente” que lidera el misterioso Franco Parisi se agregue al listado.

Falta conocer como los diversos partidos y movimientos conformarán sus listas parlamentarias que, incluso, pueden superar en número a lo(a)s de postulantes a La Moneda. Cual más, cual menos, todas as coaliciones enfrentan severas dificultades para cuadrar el numero de candidatos, dando satisfacción a cada uno de los partidos que la integran.

Es el efecto del proceso de dispersión y disgregación que ha vivido el naipe político tras el fin del sistema binominal, con la proliferación de partidos, algunos legalizados y otros en proceso de inscripción, sumada a la creciente activación de independientes de los más diversos signos y ámbitos sociales.

La gran interrogante es cómo se gobierna un país sin mayorías aseguradas y con el grado de dispersión que augura la próxima contienda presidencial y parlamentaria. En un contexto muy diferente, la Concertación de partidos por la Democracia enfrentó ese desafío durante las tres primeras administraciones (Aylwin, Frei, Lagos) recurriendo a la hoy tan cuestionada política de los acuerdos, con una derecha que defendía celosamente la “llave de las reformas”, que le permitían los enclaves autoritarios y la existencia de senadores designados.

Parlamento y Convención, dos escenarios, dos realidades.

Tan solo en el segundo mandato de Michelle Bachelet, la coalición de gobierno alcanzó una frágil mayoría parlamentaria, con la existencia de parlamentarios “díscolos”, que no siempre respaldaron al gobierno. Sebastián Pinera ha gobernado, a tropezones, sin mayoría parlamentaria, debiendo buscar acuerdos de “mínimos”, con sectores de la oposición y resultados más que discretos para sus aspiraciones iniciales.

Tal como lo expresara Gabriel Boric, tras vencer las primarias de su sector, no se gana una elección presidencial con los votos obtenidos en esos comicios. Y menos se gobierna un país sin mayorías parlamentarias.

De allí la relevancia de quienes serán y cómo lleguen los postulantes a la segunda vuelta presidencial. Las (encuestas) – por sobradas razones deben ponerse entre paréntesis – anticiparían como favoritos a Sichel y Boric.  Pero todo puede suceder de aquí a noviembre.

¿Riesgos de una nueva debacle en la derecha?

Bien pudiera suceder que la candidatura de José Antonio Kast – que aspira representar a la “auténtica” derecha tradicional, que propició el golpe militar, asumiendo su legado, denostando el proceso constituyente como fiel defensora del actual modelo económico – impida el paso a segunda vuelta de Sichel, tal como lo advirtió la senadora Jaqueline Van Rysselberghe.

Mal humor en la diestra

 No son pocos los parlamentarios de RN que piden libertad de acción para votar por J. A. Kast en primera vuelta. La misma libertad de acción que demandó con éxito Sichel en las recientes primarias de la derecha. Se suman militantes de la UDI, de donde proviene el líder republicano, que comparten esa tentación.

Así Sebastián Sichel enfrenta obstáculos no menores para su ambiciosa y bien financiada pretensión de pasar a segunda ronda y ganar la próxima elección presidencial. Una candidatura de la Unidad Constituyente le cierra los espacios para crecer hacia el centro y J.A. Kast por la derecha. Y quiérase o no, su candidatura representa la opción del continuismo de un gobierno en el piso de su popularidad.

La amenaza no existe tan solo en el terreno presidencial, también opera a nivel parlamentario. La derecha viene de sufrir un verdadero descalabro electoral en las pasadas elecciones. Primero a nivel de convencionales, en donde pese a ir en una sola lista con el partido de J.A. Kast no alcanzó el ansiado tercio que le concedía el poder de veto. El desastre electoral se extendió a nivel de gobernadores regionales, eligiendo uno de 16, además de perder todas las comunas emblemáticas y un número significativo de alcaldes y concejales.

El fantasma obvio con que combate la derecha es la reiteración de tendencias en la próxima elección parlamentaria, y allí molestan las pretensiones limitadas pero suficientes para provocar el desastre desde las filas republicanas.

¿Cuántos pares son tres moscas? Interrogantes en la Unidad Constituyente

A escasos días de la consulta ciudadana del 21 de agosto persiste la duda acerca de su capacidad de convocatoria, que debiera superar la suma de los militantes de los partidos que la convocan, además del universo de independientes que tradicionalmente se han identificado con la centroizquierda.

La duda es si aquella amplia franja de independientes que ya participó en las primarias legales, principalmente para impedir el triunfo de Daniel Jadue (incluyendo un sector de la derecha), volverá a las urnas en una contienda afectada adicionalmente por escasez de recursos en su convocatoria.

En buena media, ello dependerá de la capacidad de los partidos para movilizar a sus activos, garantizar un buen proceso y, sobre todo, que la(o)s postulantes entusiasmen con el sentido de sus opciones de futuro. Nada menos.

¿Marcando las distinciones?

Una carrera con obstáculos

No es nada simple marcar las diferencias respecto de un programa de gobierno que los partidos de la Unidad Constituyente han comprometido consensuar. Sobre todo, sin caer en ataques o descalificaciones personales. Los matices y diferencias rondan en torno a los perfiles de la(o)s aspirantes y el universo político e ideológico que cada uno representa(DC de Yasna Provoste, entorno socialista de Paula Narváez y tradición radical de Carlos Maldonado).

Evidentemente no da lo mismo quien gane esta consulta. De conseguirlo Yasna Provoste, será mala noticia para Sebastián Sichel, que aspira a crecer hacia el centro. En el caso de Paula Narváez, la mala noticia sería para Gabriel Boric, que intenta captar los votos del espectro político más progresista y de izquierda.

El foro televisivo organizado por TVN y otros canales de libre recepción, representa una nueva oportunidad para marcar estos matices o diferencias. Un debate centrado en ideas, como ha insistido Yasna Provoste, en donde los énfasis y prioridades importan. Como el tema del aborto libre, la forma de enfrentar la violencia, que ha tendido a naturalizarse, y la amnistía a los presos de la revuelta. El complejo desafío de la Araucanía, el cuarto retiro y la protección social en la emergencia Y cómo no, la gobernabilidad futura del país,

El cambio y la gobernabilidad futura del país

A fin de cuentas, en la próxima elección presidencial el país optará entre el continuismo, representado por Sebastián Sichel (que necesariamente deberá correrse a la derecha para enfrentar a José Antonio Kast) y, al menos, tres alternativas anti sistémicas, progresistas o de izquierda, que disputan opciones diversas por el cambio.

Ahora cuesta arriba

Una es representada por Gabriel Boric, respaldada por el Frente Amplio y el PC, alianza que tras su exitosa primaria viene enfrentando no pocas diferencias y roces en su interior, reduciendo los márgenes del candidato urgido por ampliar su base de apoyo. La propia competencia de un candidato de la lista del pueblo agrega una exigencia mayor al perfil de sus propuestas presidenciales.

La opción de la centroizquierda, que se definirá en la consulta del 21 de agosto, parte con las desventajas y tropiezos ya señalados para perfilar luego una propuesta competitiva de gobernabilidad futura del país.

Cuevas, con piedras en el camino

El desorden evidente en su interior parece ser la mayor dificultad para perfilar una propuesta única y competitiva para las aspiraciones desatadas desde la Lista del Pueblo. La conocida trayectoria política, social y también de género que aspira a instalar Cristián Cuevas, encuentra resistencias diversas y dispersas desde otros aspirantes del sector. La recolección de firmas será una primera señal de viabilidad futura de la postulación del emergente actor político.

Entre el margen y la anécdota juegan opciones como las ya mencionadas de Parisi y Artés.

Así es que se puede visibilizar un complejo escenario electoral que culmine con condiciones de articulación política para conformar mayorías que respalden al futuro gobierno. Antes se juega una primera vuelta presidencial y disyuntivas parlamentarias para los que los anticipos de las encuestas poco pueden aportar. Las cartas no terminan de echarse.

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