Un error estratégico

por La Nueva Mirada

Se suela afirmar que las derrotas son huérfanas. No tienen padre. Pero esta derrota sufrida por el gobierno en el Tribunal Constitucional tiene una paternidad conocida. Indesmentible e irrefutable. Se llama Sebastián Pinera, el Presidente de la República que, desoyendo los consejos de sus propios partidarios, que lo instaban a patrocinar el proyecto del tercer retiro, con las modificaciones que estimase pertinente, se empeñó en recurrir al Tribunal Constitucional.

El presidente tuvo la oportunidad de presentar su propia propuesta durante la tramitación del proyecto, que seguramente habría logrado algunos acuerdos (con excepción de la formula del reintegro de los fondos, que apuntaba a fortalecer a las AFP).  Una vez más Piñera llega tarde y mal a la solución de los conflictos. Se autoinfligió una derrota anunciada, luego que una importante cantidad de parlamentarios oficialistas se sumaron a la aprobación del retiro, refrendado por una amplia mayoría. Sin medir las consecuencias políticas y electorales optó por recurrir al Tribunal Constitucional, y de forma extemporánea, una vez que el parlamento aprobara el proyecto y quedara listo para su promulgación, decidió presentar su propio proyecto de tercer retiro. Sin mayores consultas con la oposición, llamando a aprobarlo en forma expedita.

El fallo adverso del tribunal, en donde la derecha cuenta (o contaba) con una clara mayoría, no es ajeno a los conflictos internos por los que atraviesa dicho tribunal, que han enfrentado a su presidenta María Luisa Brahm con algunos de los ministros.

Entre ellos el allanamiento de oficinas de sus integrantes por parte de la PDI con razones nunca esclarecidas. Todo en el contexto de un creciente descredito de esta instancia, que imprudentemente su presidenta definiera como una tercera cámara legislativa. Ciertamente un grupo de ministros no estuvo disponible para lo que se podría asemejar a un juego sucio desde La Moneda, en tiempos de franco descrédito del mandatario.

¿A quién escucha Pinera para tomar estas decisiones? Desde luego no a su coalición ni a las bancadas oficialistas. Tampoco a su gabinete o al llamado “equipo político”, cada día más precario, en donde además no existía convicción suficiente de las resoluciones del mandatario. Pinera y su errático estilo de conducción, representa el verdadero problema, que desafortunadamente no tiene solución. Sebastián Pinera es así. Está en sus genes. Se cree mas listo que el resto y que se las sabe todas. Probablemente esas características le permitieron amasar una gran fortuna, pero no es un estilo adecuado para gobernar, que requiere trabajar en equipo, saber escuchar, dialogar, construir acuerdos, atributos de los que ha carecido y carece.

Evidentemente este revés profundiza la crisis y aislamiento del gobierno en su ultimo año de su mandato, así como las diferencias con la mayoría de su coalición que hoy, con toda razón, saca cuentas pesimistas de cara a la próxima elección municipal, de gobernadores regionales y miembros de la Convención Constituyente.

La propia foto en el palacio de la Moneda, con la infeliz presencia de cuatro de los cinco precandidatos presidenciales de la derecha, mientras el presidente anunciaba su proyecto alternativo, que debió retirar tras el fallo adverso, no hizo más que acentuar el daño para su coalición.

Naturalmente, la tentación de tomar distancias con un gobierno en etapa terminal, con un apoyo que decrece en picada, enfrentando una crisis como la actual, resulta punto menos que irresistible. El gobierno expira su mandato en menos de un año y su sector aspira a desligar su suerte de lo que suceda con el mandatario y su cuestionable legado.

Normalmente, tras una derrota como la actual, no tan solo el comité político sino todo el gabinete debiese poner sus cargos a disposición del presidente para posibilitar un ajuste que marque un nuevo rumbo. Pero no es probable que ello ocurra. En primer lugar, porque Piñera carece de estrategia para enfrentar la crisis y es muy improbable que la pueda construir en las condiciones de debilidad y aislamiento en que se encuentra.

Pero, en segundo lugar, porque tampoco se divisan figuras potentes en el oficialismo que puedan aportar diseños alternativos y nuevas fortalezas al Ejecutivo. La rotación de ministros durante la actual administración, especialmente del equipo político, ha sido muy alta y tal como ha afirmado Mario Desbordes, abanderado presidencial de RN, no quedan muchos jugadores en la banca. Y a estas alturas, un cambio de gabinete no hace mucha diferencia. El país necesita un cambio de rumbos y eso tan solo lo puede posibilitar un nuevo gobierno. De muy diferente signo.

Es aún aventurado afirmar que esta derrota representa el fin del gobierno y que Sebastián Pinera debiese renunciar o ser acusado constitucionalmente, aludiendo a sus capacidades o supuestas incapacidades físicas o mentales. Pero lo evidente es que el gobierno ha agotado su capacidad de asumir propuestas relevantes y deberá limitarse a las labores de administración en los meses que le restan de su mandato.

Naturalmente el tema más urgente de la agenda de los próximos meses es el sanitario con su agudo y severo impacto en materia social. Los trabajadores no pueden seguir financiando la crisis con sus fondos previsionales, por mas que la diputada Pamela Jiles y su pareja, el candidato a gobernador por la región metropolitana, prometan un cuarto, y un quinto retiro, y más si fuese necesarios. Es indispensable que el Estado diseñe un programa de asistencia para la población durante la emergencia, como el Ingreso familiar de emergencia (IFE), una política mas activa de apoyo a las PYMES y asistencia a sectores no cubiertos hasta ahora con las ayudas. Y ello requiere subir impuestos, terminado con exenciones tributarias que ya no se justifican, gravando a los sectores de mayores ingresos (como han propuesto diversos organismos internacionales), recurriendo a los fondos soberanos y a endeudamiento a nivel internacional. El país esta en condiciones de hacer un esfuerzo mayor para enfrentar la pandemia social.

La presidenta del Senado, Yasna Provoste, que ha jugado un reconocido rol en esta crisis, le ha propuesto al gobierno definir una agenda concentrada en aquellos temas en donde se pudiese generar consensos entre el gobierno y la oposición en los próximos meses. Una propuesta sensata, que muestre el animo colaborativo de la oposición y que el gobierno debiera acoger de manera pragmática y realista, asumiendo sus grados de debilidad y el desorden al interior del oficialismo.

Se retoma la campaña electoral

Este día jueves se reanuda la campana electoral con miras a las elecciones del próximo 15 y 16 de mayo que, con bastante probabilidad, se desarrollarán en las fechas programadas. Así por lo menos lo han reafirmado desde el oficialismo y la oposición, esperando que las condiciones sanitarias posibiliten una masiva participación.

Las encuestas no son buenas para el oficialismo. El diario El Mercurio publicó una reciente, que muestra a la oposición con posibilidades de ganar la mayoría de las gobernaciones regionales, en primera o segunda vuelta, además de la mayoría de concejales e importantes alcaldías a lo largo del país. Y tampoco son muy auspiciosas las encuestas para las elecciones de miembros de la Convención Constituyente, en donde la derecha unida apuesta al tercio de los convencionales, como ha afirmado Mario Desbordes, en tanto que la oposición, en su amplísima diversidad podría sacar cuentas más alegres.

En rigor, existe más de una incertidumbre acerca de los resultados de la próxima elección presidencial y parlamentaria del mes de noviembre, que la derecha enfrentará dividida con dos candidaturas y sin que esté mínimamente claro aún como se alineará la oposición.

El resultado de las próximas elecciones dibujará el nuevo mapa político del país, en donde la derecha puede aspirar a constituirse en la primera minoría, en tanto que, en la oposición, la Unidad Constituyente, integrada por la DC, el PS, el PPD, PRO, Ciudadanos y Nuevo Trato, debiera ser el principal bloque opositor (en la eventualidad que logren materializar un acuerdo), seguido por la alianza del PC y el Frente Amplio.

Es evidente que estos resultados no se pueden proyectar mecánicamente a las candidaturas presidenciales, en donde pesan otros factores como los liderazgos personales y la capacidad de convocar respaldo ciudadano en tiempos de crisis e incertidumbres básicas en la población.

Daniel Jadue, ya oficialmente proclamado, con antelación, por su partido, sigue liderando las encuestas como el candidato más competitivo en la oposición, seguido muy de cerca por la desafiante y farandulera opción de Pamela Jiles, mientras ninguno(a) de los precandidato(a)s de la Unidad Constituyente supera el umbral del 5 % en las mediciones. Hasta hoy, las encuestas muestran una situación muy similar a la que se presentaba en Perú, con candidatos que no superan el 15 o 16 % de las preferencias y que culminó con el paso a segunda ronda del izquierdista Pedro Castillo y Keiko Fujimori, con un desenlace aun incierto, pese a que las encuestas, hasta ahora, favorecen a Castillo

Pero este escenario de vacíos e incertidumbres debiera cambiar tras la próxima elección municipal, de gobernadores regionales y miembros de la Convención Constituyente, en donde, en plazos muy acotados, los diversos partidos y coaliciones deberán definir su política de alianzas y los candidato(a)s que finalmente competirán por el sillón presidencial.

Parece evidente que los discursos a favor de la unidad amplia y sin exclusiones en la oposición, no pasan de la retórica, como queda demostrado en las ásperas polémicas protagonizadas por el candidato del PPD, el exministro Heraldo Muñoz, y Daniel Jadue, el candidato del Partido Comunista, que no dudó en afirmar que la centro izquierda había gobernado con políticas neoliberales a ultranza (se pasó de estaciones, diría el ministro Briones).

Es más que evidente que existen profundas diferencias en torno al pasado reciente. No tan solo respecto de los últimos treinta años, sino también acerca de los 17 años de dictadura y el proceso de transición y consolidación de la democracia en nuestro país. Y también diagnósticos muy distintos respecto del estallido social y la situación actual del país. Y naturalmente respecto de las propuestas de futuro.

Esas son las diferencias que llevaron a que el Partido Comunista resolviera en su reciente congreso propiciar un frente anti neoliberal (sin medias tintas) y consagrara la división de la oposición en las próximas elecciones. Hay que decir que tampoco la Democracia Cristiana, más que renuente a reeditar alguna forma de alianza o acuerdo político con el PC, ha sido una gran propulsora de la unidad en la oposición.

Y como si todo esto no fuera suficiente, esta el factor que representa Pamela Jiles, que se ha empinado en las encuestas a punta de apoyar los sucesivos retiros de los fondos previsionales (una idea que originalmente levantara el diputado Bianchi, tomando el ejemplo de Perú) y que hoy promete sumarlos indefinidamente.

No es evidente que Pamela Jiles pueda materializar una candidatura presidencial, pero introduce un factor distractivo y por momentos disruptivo, en el actual y confuso escenario político. En cualquier caso, para los que se lamentan en el seno de la oposición valga recordar el viejo dicho popular que recuerda que la culpa no es del chancho sino del que le da afrecho.

Lo trascendente de las elecciones es que los ciudadanos tienen en sus manos la decisión respecto del futuro, A veces se equivocan (como cuando decidieron elegir a Donald Trump en EE.UU., o Jair Bolsonaro en Brasil. Tambien eligieron a Sebastian Pinera en nuestro país y así son las reglas de la democracia. Lo relevante es que los ciudadanos ejerzan efectivamente su derecho a voto, de la manera más informada posible. Parece simple decirlo, pero no resulta obvio en un escenario como el que vive el país. Las equivocaciones se pagan caro y los plazos se hacen muy largos. ¿O no, dice usted?

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