Valores no negociables. Por Mario Valdivia V.

por La Nueva Mirada

En ánimo combativo, la iglesia católica invitó a sus feligreses a defenderlos.
Personalmente, hace tiempo que no vivo en un mundo de valores no negociables. Aunque quisiera, no sé hacerlo. Y no creo que sea posible.

Mi vida es práctica, transcurre en situaciones finitas, claroscuros imposibles de tematizar por completo. Lo primero que debo hacer para obedecer un valor no negociable es negociarlo con las particularidades de mi vida terrestre. Encuentro que la noción de valor no negociable es auto contradictoria.

Lo bueno de los valores no negociables es que están condenados por el devenir de la historia, como la obligación del sacrificar en el templo, la confesión de rigor, las reglas de usura, el voto censitario, la inferioridad jurídica de las mujeres, la perversión de la homosexualidad. Lo malo es que mientras duran, producen mucho sufrimiento y hacen correr sangre a raudales. 

Tengo visto que la manera más inconsciente de obedecer un valor no negociable es oponerle otro valor no negociable. A un garrote, otro. Es la guerra. El ganador estará condenado a negociar sus valores no negociables. Mejor convivir. Dejar de creernos dioses capaces de adquirir verdades indiscutibles. Hacernos cargo de las tierras confusas que habitamos, y mostrarnos, seducirnos y persuadirnos mutuamente con el valor de nuestras maneras de inventar la existencia. Y negociar y negociar, ayudando a la historia a hacer su trabajo de dejar atrás y condenar a la irrelevancia…, mientras podamos.                  

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