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Escúchame, amigo de aquellos tiempos
perdidos en la bruma:
antes de que nos toque
el soplo de la muerte,
volvamos a nuestra playa
imaginaria de la infancia.
Vamos a preparar la barca,
con sus remiendos y aparejos,
para navegar por erráticas olas
en busca de las ninfas del paraíso,
del Caleuche, de la magia
y de nuestros deseos escondidos.
Un hombre con muertos a la espalda
se esconde como un niño
bajo las sábanas,
y lee viejas historias de aventuras
a la luz de una vela.
En la derrota del día
sueña navegar por mares revueltos,
hacia islas gigantes tras el ocaso,
porque quiere tocar el sol con una mano
y, con la otra, su caída.