El autor, en el prefacio de Tartufo, afirma que el verdadero deber de la comedia es corregir los vicios humanos, pues la sociedad no soporta verse expuesta al ridículo.
Jean-Baptiste Poquelin venía de una familia acomodada. Tras perder a su madre a los 10 años creció de la mano de su padre, con quien tenía una relación poco cariñosa lo que no significó que se despreocupara de él, dándole una educación que lo llevó a codearse con la nobleza francesa. Era pleno siglo XVII y lo correcto era estudiar leyes, pero el joven Jean-Baptiste se reveló y a los 21 años constituyó junto a Madeleine Béjart el «Ilustre Teatro», tras adelantar a la herencia familiar… Había nacido “Moliere”, el padre de la comedia francesa, quien no solo hizo reír, sino que llevó a la sociedad a pensar retratando en sus obras las angustias del ser humano.
Cuando niño, Moliere se relaciona con los cómicos italianos y se dice que tuvieron tanta influencia en él que fue esta la razón por la que pidió a su padre que le adelantara su parte de la herencia para invertir en la compañía teatral. Sus primeros pasos en las tablas fueron como actor trágico, pero –quizá por su tartamudeo- el público lo pifia y se ríe de sus presentaciones. Ese “fracaso” lo llevó a replantearse su lugar como actor, llevándolo a dedicarse a la comedia rescatando al mismo tiempo la dignidad del género.
Transparentar la verdad
Moliere es considerado uno de los mejores escritores de la lengua francesa y la literatura universal y su obra se refuerza en cuatro pilares: corregir a los hombres; encontrar en la risa un espejo de la verdad; atacar la hipocresía; y lograr divertir a la audiencia, pues de no lograrlo la obra carecía de valor.

El mismo autor, en el prefacio de Tartufo, afirma que el verdadero deber de la comedia es corregir los vicios humanos, pues la sociedad no soporta verse expuesta al ridículo. Al exagerar las obsesiones humanas a través de personajes arquetípicos -como el hipócrita, el hipocondríaco, el avaro- el público se reconoce y rechaza sus defectos a través de la risa.
Así, las comedias son un espejo público que deben entretener, a través de la defensa del sentido común y la libertad condenando las restricciones imperantes en la sociedad.
Estas mismas bases que planteó Moliere fueron tomadas por la televisión al momento de crear sus comedias de situaciones. Trescientos años después los conceptos eran los mismos. Según el crítico estadounidense, Horace Newcob, el éxito depende de poseer – además de un espacio físico recurrente y confinado- personajes con rasgos psicológicos fijos e inmutables que reaccionan siempre de la misma manera, en medio de una estructura que se desordene y recupere en el mismo episodio.
Esta triada –ambiente, personaje característico, caos- la presentó Moliere como “Comedias de costumbres”, que representaban la vida doméstica burguesa con personajes que se veían obligados a convivir.
Teatro actual: la comedia en Chile

La actriz Montserrat Ballarín, una de las protagonistas de la obra Secretos de Oficina, comentó al sitio Claustro, difusión de las artes, que la puesta en escena tiene personajes con características muy definidas, todos conviviendo en el espacio de “Transistores Mayorga Ltda.”, quienes reaccionan a la venta de la empresa a un conglomerado español. La actriz añadió que “para hacer humor se requiere de virtuosismo y mucho entrenamiento. Hacer comedia es de lo más difícil y de lo mas gratificante”.
Escrita por Los Contadores Auditores (Felipe Olivares y Juan Andrés Rivera), producida por Teatro Capital y protagonizada por Gabriel Urzúa, Antonia Santa María, Germán Pinilla, Montserrat Ballarín, Gabriel Cañas, Carmen Disa Gutiérrez, Mariela Mignot, Emilia Noguera y Dayana Amigo; cuenta el caos emocional y colectivo que genera la llegada de una empresaria gallega: los integrantes de la oficina deciden hablar y cantar como españoles con la intención de mantener el trabajo.
Si bien en “Secretos de oficina” gran parte del relato se complementa con canciones y baile, no cae en lo típico del género musical porque los temas no se crearon especialmente para el montaje y el público puede corear al ritmo de los actores los hits españoles de todos los tiempos.
Como planteó Moliere, el espectador se identifica con las desventuras de los personajes: la joven tímida e inteligente que nadie la valora por ser poco atractiva; el empleado servil capaz de entregar su vida por la empresa; la recepcionista que está a punto de jubilarse; la secretaria buena moza que mantiene el trabajo a punta de coqueteos; entre otros. Y es a través de la risa que el público hace la catarsis necesaria asumiéndose como uno más de los que puede perder el trabajo.
“Secretos de oficina” cerró la trilogía que partió con “Morir de amor” (enfocada en los dramas de las teleseries de los ‘80) y “Vivo por ella” (centrada en las baladas de los ‘90).