Pienso que es conveniente que el Banco Central siempre esté facultado para prestarle “indirectamente” al Fisco y que, en consecuencia, debiera desaparecer la actual imposibilidad de que no pueda prestarle «indirectamente». Eso es una anomalía en nuestra Constitución, y puede limitar la capacidad del BC de proveer liquidez a la economía, así como de influenciar la tasa de interés de largo plazo, al tener el Banco Central un instrumento menos, los bonos de Gobierno, para hacer operaciones de mercado abierto en el mercado secundario.
Cabe señalar que, contrariamente a lo que pueda parecer, en este caso el Banco Central no le está prestando al Fisco recursos “frescos”, ya que son operaciones con bonos del Gobierno que fueron emitidos, en el mercado “primario” con anterioridad, y con esa anterioridad, en el pasado dichos bonos le permitieron al Fisco tener más recursos para financiar su gasto.
De otro lado, pienso que es conveniente que, en tiempos normales, el Banco Central no pueda prestar «directamente» al Fisco. Ello puede relajar la disciplina fiscal y llevar a importantes desequilibrios macroeconómicos.
Sin embargo, con relación a situaciones de excepción, soy de opinión que el Banco Central debe poder prestarle directamente al Fisco, en caso de guerra (está contemplado en la LOC) y en casos como estados de emergencia nacional (catástrofes naturales, terremotos, pandemias), siempre que se especifique en forma precisa dicho(s) estado(s), y que se requiera, para su declaración, por ejemplo, el concurso conjunto del Presidente de la República más los Presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados. Creo que, si un conjunto exigente de instancias democráticas opta por declarar esto, el Banco Central debe estar autorizado a financiar, en esas condiciones, al Fisco. Ese financiamiento debe ser limitado en el tiempo, y en condiciones de costos que no comprometan el patrimonio del Banco Central.
Me parece que tener como referencia la experiencia inflacionaria chilena de la segunda mitad del siglo pasado, o la de algunos países de América Latina en la actualidad, para oponerse, en las condiciones mencionadas, al financiamiento directo del Banco Central al Fisco, es incorrecto. Primero, porque la inserción institucional era en Chile, y lo es en la actualidad en los países de la región que suelen citarse, muy diferente a la actual institucionalidad del Banco Central; y, segundo, porque de lo que se trata aquí es de situaciones de excepción, bien precisadas y acotadas en el tiempo. Pienso, además, que si un exigente quorum democrático lo considera, el Banco Central debe estar disponible para, en esas condiciones, financiar directamente al Fisco.
En síntesis, me sumo con entusiasmo a permitir que el Banco Central pueda utilizar, siempre, bonos del gobierno para hacer su política monetaria por la vía «indirecta». Pero no estoy de acuerdo en levantar el tema del financiamiento «directo» del Banco Central al Fisco, por no ser relevante en la actualidad y porque se requiere de un análisis profundo, que excede la sola visión de los economistas. Me parece es conveniente dejarlo, si es que aparece, para una eventual discusión de lo que espero sea una nueva Constitución.
Ahora bien, en la situación actual, todo lo anterior, me parece no es lo más urgente ni donde debemos poner nuestra energía.
El problema más serio que enfrentamos es el de que la política fiscal debe ser mucho más agresiva e imaginativa, y para ello NO ESTÁ TENIENDO DIFICULTADES DE FINANCIAMIENTO, sino de «restricciones ideológicas» y de ineficiencia operativa. Es cosa de ver lo que están haciendo países como Dinamarca, Australia y muchos más, donde se está actuando, usando muy diversos mecanismos y medidas, directamente, para intentar mantener, en una proporción importante, los ingresos y la capacidad de compra y de pago de la población, y, por esa vía, la mantención de empleos (aunque sea a tiempo parcial) y la subsistencia de las empresas.