Aunque todo indica que la estrella del socialismo español, Pedro Sánchez, pierde inexorablemente su luminosidad, apagándose poco a poco en el delirante cosmos de la política española y europea, sorprende todavía, su capacidad de permanecer al frente del gobierno de España, navegando en los mares más crispados, los arrecifes más tortuosos, y luchando contra los vientos más furiosos.
Su liderazgo se destaca, en primer término, por su notable capacidad de salir de los quiebres más profundos y que son, precisamente, por la envergadura de las fracturas que los caracterizan, los que exigen más liderazgo que gestión, demandando mantener la calma en las tempestades, mostrar nervios de acero, calcular fríamente en medio del combate los próximos movimientos, sin perder la visión estratégica, ni las convicciones más profundas.
El primero y determinantes de los quiebres que fueron constitutivos de Sánchez, fue el de 1º de octubre de 2016, cuando las fuerzas más retrógradas del socialismo español consiguieron confabularse en contra suya y defenestrarlo. La conspiración fue de corta duración, pero muestra muy bien de lo que el joven estadista estaba hecho: Resuelto al momento de enfrentarse defendiendo sus posiciones, supo movilizar a la base del partido -renunciando a su escaño-, y recorrer España para poner a la militancia en el lugar de las decisiones.
Al estar dispuesto a perder todo consiguió ganarlo todo. A partir de ese momento, su carrera dentro del partido fue un camino ininterrumpido para consolidar su hegemonía. Ello lo llevó a fortalecer su liderazgo interno, aunque eso, a la postre, lo llevó a personalizar excesivamente su forma de gobernanza. Gran parte de ese rasgo lo está pagando ahora. Porque cuando los liderazgos se personalizan demasiado, tienden a generar un estilo cerrado, hermético, círculos de hierro, que realizan decisiones inconsultas.
Pero estamos en los quiebres. Y su segundo gran quiebre fue, sin duda, durante el proceso de elecciones y alianzas que se produce con posterioridad a la investidura conseguida por los socialistas cuando consiguieron sacar al presidente de los populares Mariano Rajoy.

Para conseguir la destitución de Rajoy -algo que los populares no le perdonarían nunca al líder socialista- se inauguró en la España de la posguerra, el primer concierto de coaliciones amplias superando el clivaje izquierda y derecha: el voto de censura contó con 180 votos a favor, 169 en contra y 1 abstención.
El corto período que va desde el voto de censura y la fecha de las siguientes elecciones, sirvió para la realización de actos simbólicos: removió los restos del dictador del Valle de los Caídos, y permitió el arribo del barco Aquarios con 629 personas a bordo, entre otros.
Sin embargo, y al momento de convocar a las siguientes elecciones Pedro Sánchez se encontró con dos problemas en su vereda. La primera es que a su izquierda se había consolidado una fuerza –Unidas Podemos– que no era marginal ni extraparlamentaria y el resentimiento de las fuerzas catalanas que tenían a sus líderes encarcelados.

Aquí se produce el gran giro histórico del PSOE. Porque hasta entonces, la posibilidad de formar coaliciones estaba descartada. Ese fue el verdadero cambio. Un cambio bastante radical y sorprendente. Recordemos que ese proceso se realiza en dos elecciones: la del 28 de abril del 2019 y la del 10 de noviembre de ese mismo año. Después de los resultados de la primera de estas, Sánchez se muestra renuente a gobernar con Unidas Podemos, declarando que no dormiría tranquilo si gobernara con Unidas Podemos.
Todo ello se puso en cuestión después de la segunda elección, porque, entre otras cosas, el PSOE perdió votos en relación con la primera y, lo que es peor, la ultraderecha de VOX aumentó su votación. Por eso y, con acierto, el dirigente de JP, Pablo Iglesias le recordó con ironía: presidente, ahora, con la ultraderecha más poderosa de Europa, ¿Usted dormirá más tranquilo?
Pero el presidente dio el salto y se atrevió a cruzar el Rubicón: el 7 de enero del 2020 se formó el primer gobierno de coalición de la historia de España, desde la guerra civil.
El presidente español sabía, no obstante, que no sería fácil gobernar con sus nuevos aliados a su izquierda. Pero fue capaz de hacerlo, aún mostrando sus contradicciones, a veces, en público.
Lo primero fue ponerse de acuerdo en el programa. Un programa social, que pusiera la diferencia, entre las políticas públicas neoliberales del PP y otras sociales de apoyo al estado de bienestar.
Y en eso estaban cuando sobrevino el quiebre más grave. Un quiebre histórico, sanitario y mundial: La pandemia del Covid-19.
Se ha hablado mucho, demasiado sobre el tema, pero digamos que, en medio de los cientos de miles de muertos y la debacle total, el presidente consiguió poner una gestión eficiente y movilizar al país detrás de sus duras políticas sanitarias. La oposición del PP, liderada por entonces por un político joven que era pequeño en todo: en estatura, en ideas, y estilo. Destacó en Europa, por ser el único que, en medio de la crisis, no supo ponerse detrás del gobierno como un elemental comportamiento patriótico exigía. Probablemente, porque también era pequeño en cálculos. España después de Alemania obtuvo el mejor resultado medido (OMS) en número de muertos por cada cien mil habitantes.
Solo la mezquindad política de la derecha española fue incapaz de reconocer el éxito del gobierno de su país.

En el gobierno de coalición y como forma de enfrentar la pandemia se arbitraron medidas de protección que se denominaron con acierto el Escudo Social. Pero, sobre todo, y transcurrida la excepcionalidad que impuso la pandemia, el gobierno de coalición aplicó medidas económicas audaces como el mejoramiento del salario mínimo (incremento de un 60,88 % entre 2018 y 2025) con resultados que negaban los prejuicios neoliberales: el desempleo disminuyó en 158.000 personas y llegando a sus mejores niveles en 20 años de contrataciones en mujeres y jóvenes, consiguiendo que un 42,6 % de los contratos fuesen indefinidos. El crecimiento del PIB con un 2,9%, situándose en el que más crecerá en la eurozona el año 2027 según estimaciones del Banco central europeo. Y más que aceptables en el control de la inflación: comparativamente con Europa, España: se mantuvo en un 2,4 % de inflación, levemente superior al de la eurozona que no superará el 2%.
En ese contexto, de buenas noticias para la economía española y malas para el discurso economicista de la derecha, esta no tardó en mostrar sus propias contradicciones. Que fueron varias. La primera fue la de la hegemonía en su propio partido. Casado que no se destacaba por ser el político más hábil fue defenestrado por los barones, y especialmente por la baronesa de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, que, cuestionada por sus manejos durante la pandemia, al constatar que el líder de su partido apoyaba tácitamente esa crítica no dudó en provocar un choque de trenes, que acabó arrollando al líder de su partido. El PP tuvo que sustituirlo, por un barón muy reconocido: el gallego Nuñez Feijoo que empezó por mostrarse un poco más dialogante, pero, al poco andar declinó hacia el estilo confrontacional y faltón de la derecha hegemónicamente controlada por los ultras de VOX.

A la izquierda del PSOE también se experimentaban fuertes contradicciones. Y Sánchez lo sabía. La lucha fratricida entre Unidas Podemos y Más Madrid, que reeditaba viejas cuitas entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, llegó a su momento más álgido y aunque la vicepresidenta Yolanda Díaz intentó sin éxito mediar en ella, el sector de Pablo Iglesiasse fue desprendiendo del gobierno.
En el año 2023 correspondía elegir a las autoridades regionales, lo que importaba la mayoría de los gobiernos autónomos y las municipalidades. El resultado fue un desastre para el gobierno, que perdió gran parte de su poder local.
En ese gran quiebre y, ante la sorpresa de todos, el presidente convocó a elecciones generales para el mes de julio.
El resultado fue igualmente sorprendente: la oposición ganó en votos y en diputados, pero fue incapaz de reunir los apoyos políticos para formar gobierno. Pedro Sánchez, en cambio, después de complejas negociaciones, como un artesano que arma complejas y delicadas obras de orfebrería, sumó la mayoría parlamentaria para conseguir la investidura, con apoyos amplios, diversos, aunque inestable.
La derecha exasperada por no conseguir sacar a los socialistas y la izquierda por medios correctos se inclinó cada vez más a sus políticas de atizar el odio y el revanchismo. También a usar las armas prohibidas en la guerra: el lawfer, y las injurias y calumnias, que incluyó, a la esposa del presidente.
A Sánchez le tocó hacerse cargo de la crisis catalana. Lo hizo relativamente bien si se considera que mediante los indultos y otras medidas puso a los líderes represaliados en la política en vez de estar en la cárcel, como la derecha reclamaba (y algunos de los viejos socialistas), recibiendo el apoyo de los empresarios, sindicatos e Iglesia Católica. La medida más audaz fue, sin duda, la promulgación de una ley de amnistía en junio del 2024, que busca exonerar de responsabilidad penal, administrativa, y contable a los involucrados en el procés. La norma está evidentemente pensada para resolver la piedra de toque: el exilio de Carla Puigdemont, aunque hasta ahora no lo ha conseguido, y el líder catalán sigue en el exilio. Por eso también los acuerdos con los partidos catalanes independistas, especialmente con el derechista Juns per Cataluña, han empezado a resquebrajarse.

Sin embargo, lo que verdaderamente dejó con una estocada mortal al presidente, fue la investigación realizada por la UCO unidad de investigación policial dependiente de la Guardia Civil española. La investigación reveló que su ex poderoso ministro de Fomento y Obras Públicas, José Luis Abalos, y uno de los cuadros políticos más cercanos al presidente, había incurrido en varios delitos de tráfico de influencias, organización criminal, cohecho y malversación de caudales públicos. El exministro había actuado con la complicidad activa de Koldo García, personaje oscuro y arribista, pero reconocido como un operador de los funcionarios del gobierno. Con posterioridad y como parte de la misma trama, la investigación de la UCO mostró que uno de los políticos de más confianza del presidente, al punto de ser el interlocutor autorizado por el mandatario español para liderar las conversaciones entre el gobierno y Carla Puigdemont en el exilio, Santos Cerdán, de hecho, el segundo de Pedro de Sánchez, en su calidad de secretario de organización del PSOE, también estaba involucrado. Como ocurre en estos casos, las escuchas telefónicas en que desembozadamente los involucrados se repartían prostitutas, vino a poner la guinda del pavo de crónicas decadentes de una clase política decadente. Por último y cuando Santos Cerdán el 30 de junio fue puesto en prisión preventiva por el Tribunal Supremo los aliados consideraron, con razón, que ya era demasiado. Hasta Yolanda Díaz(SUMAR, socios de investidura a la izquierda del PSOE) tuvo duros y públicos reproches, como asimismo lo hizo Gabriel Rufián, del partido socio de investidura, Ezquerra Republicana.
A pesar de ello, es increíble la capacidad de resistencia del líder español.

Gran parte de esa capacidad se muestra en tener una visión de largo plazo de la política interior y exterior de España. Pedro Sánchez es respetado en Europa por varias razones: porque su visión europeísta es auténtica. El socialista español no solo cree en la autonomía del continente sino en su libertad y soberanía. Eso lo hace tener una actitud firme respecto a la defensa de Ucrania frente a la invasión de la Federación Rusa impulsada por Putin y resistir valientemente a las intenciones del presidente norteamericano D. Trump de imponer matonezcamente a Europa una contribución a la OTAN del 5% del PIB de cada uno de ellos. El presidente español, se opuso educada pero firmemente. De hecho, actuó en solitario en ese acto de rebeldía que sin duda lo dignificará para siempre.
Y no debe olvidarse que en una Europa sumisa a Trump y cada vez más entregada a la ultraderecha, el líder español brilla por la coherencia de sus actuaciones y el liderazgo de su mensaje, como lo demostró promoviendo desde el primer momento medidas en favor del reconocimiento del estado palestino y sanciones contra el Estado de Israel por el genocidio perpetrado en Gaza.
Pero la estrategia de las derechas españolas de acoso y derribo del gobierno no cesa. Recientemente, el líder de los populares exploró la posibilidad de atraer votos del catalanismo de derecha (Juns per Catalunya), alternativa que no prosperó, porque hay contradicciones insalvables, por ahora, entre unos y otros. Sin embargo, casi todos los analistas españoles y de medios extranjeros están convencidos que la estrella de este conde Belisario de la época actual, se encuentra ya en un declive definitivo. Aunque todos coinciden también en que se extrañará su especial estilo de liderazgo: Educado, respetuoso y dialogante nunca fue dado a caer en el exabrupto y la descalificación ordinaria de sus adversarios. Un político fino. Un caballero. Definitivamente de otros tiempos. Eso hará que muchas españolas y españoles dirán al momento de su partida, que tuvieron la sensación de encontrarse despertando de un sueño, y recordar a Segismundo cuando dijo que:
toda la vida es sueño y los sueños sueños son.