Un crecimiento incierto

por Gonzalo Martner

El Informe de Finanzas Públicas (IFP) del primer trimestre de 2026, emitido con atraso por el Ministerio de Hacienda, sinceró que el crecimiento será, al terminar su gobierno, inferior al 4% que Kast había prometido durante la campaña electoral. No obstante, en su Cuenta Pública, Kast volvió a reiterar esa meta y la de bajar el desempleo al 6%, lo que no se logrará sin aumentar el endeudamiento público. Inmediatamente después, el ministro de Hacienda Quiroz anunció aumentos de endeudamiento para 2026, sin que se mencionara en la cuenta presidencial. Las contradicciones de los mensajes gubernamentales no parece que vayan a terminar pronto.

En uno de los escenarios descritos en el Informe de la Dirección de Presupuestos, el PIB promedio de los cuatro años de gobierno de Kast (2026-2029) sería de 2,2% (el de los cuatro años de Boric fue de 2,0%), finalizando su cuarto año con una expansión de 2,2%. En un escenario optimista, en cambio, el PIB promedio sería de 2,8%, llegando a 3,1% en 2029. Considera un mayor impulso interno por un aumento de la inversión, ya que “la implementación de políticas que mejoran la competitividad tributaria y la eficiencia en la administración de los permisos abarcaría a más sectores que el minero y energético… El PIB minero se eleva hacia el final de periodo por los proyectos que entrarían en producción. El PIB no minero tiene un mayor incremento en el año 2027 debido a las medidas que facilitan el adelantamiento de la concreción de proyectos atascados en la tramitación de permisos. En los años siguientes el crecimiento se ajusta levemente a la baja. Por el lado externo, las importaciones crecen impulsadas por bienes de capital, en tanto que las exportaciones crecen en menor medida”.

A la vez, “este mayor dinamismo incrementaría el consumo, con lo cual la demanda interna crece”. Presentado de esa manera, el nexo entre inversión y consumo es problemático, en una visión de una oferta que crearía su propia demanda (ley de Say), que desde Keynes -y antes- se sabe que está lejos de ser el caso más frecuente, lo que es recogido, desde luego, en los manuales de economía convencionales. Pero no por la ortodoxia de las actuales autoridades.

Habrá que ver, en primer lugar, si la inversión agregada se va a incrementar por las rebajas tributarias y regulatorias que promueve el gobierno, habida cuenta que el principal ajuste fiscal en curso es un recorte de la inversión pública y que las decisiones privadas de inversión consideran todos los factores que intervienen en los flujos futuros de ingresos contrastados con los costos, de los cuales los pagos de impuestos sobre las utilidades tributables son solo uno de muchos otros factores. Estas, por lo demás, ya pagan menos impuestos por las depreciaciones aceleradas de la inversión establecidas en la legislación vigente.

En segundo lugar, el consumo de los hogares depende de la evolución de los salarios reales y de la creación de empleo, de predicción incierta, y del consumo público, hoy sujeto a recortes programados por el actual gobierno, incluyendo en salud y educación, su principal componente.

No obstante, el gobierno postula que se materializará un escenario de expansión de la inversión con impacto automático en el consumo, a partir del cual proyecta que la recaudación fiscal sería superior en 2027 en unos mil millones de dólares sobre lo proyectado en el escenario base, y llegaría en 2030 a 3,7 mil millones de dólares adicionales.

En cualquiera de los escenarios mencionados en el Informe, el gobierno ahora reconoce que no se lograría la meta de crecer al 4% al final del período del gobierno de José Antonio Kast. Estas proyecciones probablemente explican la decisión de desviar la atención hacia otros temas.

Según el ministro Quiroz, “si ustedes comparan el informe de finanzas públicas del tercer trimestre del 2025 con el cuarto trimestre del 25, ven un aumento en los déficits proyectados en el periodo 2026-2030, del orden de 13 billones de pesos. Eso no se refleja en un aumento de deuda proyectada. La deuda proyectada, habiendo subido los déficits en 13 billones de pesos, sube solo en 3 billones de pesos, y por lo tanto quedan debiendo 9 billones de pesos”. Además, se indica que el déficit efectivo de 2026 subiría de 1,8% a 2,4% del PIB, por bajas en las estimaciones de ingresos y aumentos en las de gasto, y que sin medidas correctivas habría llegado a 2,9%, mientras la deuda bruta del país superaría el umbral de 45% desde 2028. Todas estas cifras se establecen utilizando supuestos y dependen de las elasticidades de incidencia de unas variables sobre otras que se utilicen para el cálculo. Usualmente, las estimaciones son corregidas a medida que avanza la recolección de datos y la evaluación de tendencias, lo que ocurre todo el tiempo y no le llama la atención a nadie, al menos en nuestras prácticas institucionales usuales y de larga data. Hasta ahora. También era el caso de la situación de la caja fiscal, de variación eminentemente coyuntural y sin mayor transcendencia, que también fue utilizada por Quiroz con fines polémicos.

Que la deuda aumente menos que el déficit tiene explicaciones explícitas en el último informe del gobierno anterior. La deuda pública no se mueve mecánicamente según la magnitud de los déficits fiscales, los que por su parte van variando de acuerdo a coyunturas al alza y a la baja en la recaudación (por ejemplo, por el precio del cobre) que no están bajo control del gobierno, y de la modulación del ritmo del gasto. En la proyección de la deuda (stock) que resulta de los déficits fiscales (flujos) estimados sobre el PIB también estimado, inciden variables como el tipo de cambio a considerar dadas las monedas de denominación de los instrumentos de deuda (siempre fluctuantes) y otras como el crecimiento del PIB nominal, la inflación y los deflactores a utilizar y los movimientos llamados “bajo la línea” (operaciones de financiamiento que no afectan el patrimonio neto), como las tasas de recuperación de préstamos gubernamentales. En estos aspectos tiene sentido una discusión específica sobre las estimaciones para evaluar si son fundadas o no y su probabilidad mayor o menor de cumplirse en el futuro, lo que en todo caso se irá viendo en el tiempo. Cabe insistir en que las estimaciones fiscales y de variables económicas, en Chile y en todas partes, se corrigen y ajustan trimestre a trimestre dada la variación efectiva registrada y las nuevas estimaciones a futuro de las condiciones externas (como el precio del cobre, el litio y el petróleo) e internas (como la evolución de la inversión y el consumo). Una estimación u otra tiene su propio fundamento y probabilidad de ocurrencia, lo que no tiene que ver con “errores de cálculo”. Y desde luego escoger una u otra nada tiene que ver con “violar la constitución”.

Por eso es un despropósito la acusación constitucional que ha sido anunciada en el parlamento por el partido de Kast contra el ex ministro de Hacienda Nicolás Grau. De aprobarse, le impediría ejercer durante cinco años cualquier cargo público, incluyendo enseñar en la Universidad de Chile de donde proviene, por una discusión de supuestos de evolución de variables económicas en una proyección hacia 2030, que solo se sabrá si eran acertadas o no mucho más adelante. Una ridiculez, simplemente.

El fondo del asunto parece ser el de buscar hacer mucho ruido para cambiar la conversación sobre la meta de crecimiento de 4% y de déficit fiscal cero. Ambas cosas no son posibles al mismo tiempo (ver aquí), dadas las políticas de recorte de gasto con inevitables efectos recesivos que el gobierno está decidido a llevar a cabo, junto a disminuciones de impuestos a las empresas y a los más ricos que no pueden sino afectar la situación fiscal.

La economía enfrenta síntomas de estancamiento que se han acentuado desde el primer trimestre, agravados desde marzo por el impacto del aumento no modulado de los precios de los combustibles decidido por el nuevo gobierno, los recortes de gasto público y la mantención de una tasa de interés de política monetaria restrictiva de la actividad por el consejo ortodoxo del Banco Central. En el corto plazo, es la demanda la que empuja la economía, y se han ido reforzando los factores acumulativos a la baja en el consumo y la inversión en medio de una situación externa adversa. 

Con las políticas domésticas escogidas, que no incluyen ninguna medida de reactivación en el corto plazo, es altamente improbable que la economía crezca. Es lo que seguiremos viendo en los próximos meses, con una posible recesión a la vista (dos trimestres seguidos de caída de producción) en el curso del año 2026: en los cuatro primeros meses del año 2026 la actividad ha caído en -0,7% respecto al mismo período del año anterior

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