El viaje por los aires de Hangar Rojo

por Luis Emilio Guzmán L.

El 13 de febrero, en un frío Berlín, en el marco del Festival de Cine de la ciudad, un grupo de chilenos, argentinos, italianos y franceses viajaron desde sus respectivos hogares para darse cita en el estreno mundial de “Hangar Rojo”, un film con muchas nacionalidades y demasiados años de espera. Ahí estaba su director, Juan Pablo Sallato, el protagonista del film, Nicolás Zárate, y Fernando Villagrán, autor del libro en donde nos inspiramos para contar esta historia. Hubo una ovación cálida que hizo olvidarnos de los casi cero grados del exterior. Un cine colmado de sensaciones mezcladas: Admiración, tristeza, esperanza y ganas de conocer más de la historia. Los actores y actriz estaban despampanantes. Los distribuidores, esperanzados. Hubo lágrimas. Pero alguien faltaba. Alguien que, de alguna forma, rondaba por el aire: Jorge Silva… el Capitán de la Fuerza Aérea de Chile, Jorge Silva Ortiz.

¿Cómo un hombre duro, de pocas palabras, un tipo que lo que de verdad amaba era lanzarse en paracaídas  a 3 mil pies para caer en el centro de la cancha del Estadio Nacional en pleno Clásico Universitario podía estar ahí… tan presente? 

Tal vez nunca lo creyó. Se lo dijimos varias veces, le juramos que lo lograríamos, y siempre nos respondió con una leve sonrisa y el deseo de suerte. ¿Una película sobre él? ¿Cómo, por qué?

Fernando Villagrán y Felipe Agüero son los mejores para dar esa explicación. Sus vidas se cruzaron cuando ambos, jóvenes dirigentes del MAPU OC, cayeron presos y fueron trasladados a la Escuela de Aviación, en la base aérea de El Bosque, donde fueron duramente torturados e interrogados. Se les sentenció a muerte, hasta que alguien les salvó el pellejo.  Ese alguien fue Jorge Silva; sin embargo, no pudo salvar su propio destino. Fue detenido, torturado por sus antiguos camaradas y finalmente, tras estar preso en la Cárcel Pública por más de cuatro años, exiliado en Londres, donde vivió hasta su muerte, dos años atrás. 

Silva encarna lo que se busca en un protagonista cinematográfico: tesón, heroísmo, atrevimiento; y al mismo tiempo, ternura, dudas, preguntas y, en algún momento, arrepentimiento. Y amor. Amor por su esposa, con la que vivió hasta que ella se fue de este mundo, meses antes de su propia muerte. Y amor a una institución que nunca le dio lo que él buscaba: una pedida de disculpas formal, devolverle su rango, castigar a los que sembraron el terror. 

Nos demoramos mucho, Jorge querido. Más de 15 años. Caímos muchas veces, pero supimos ponernos de pie. Y acá estamos. Viajando por el mundo, regando una historia donde no hay héroes con capa, pero sí gente que supo decir no cuando la mayoría decía sí. Sí a la barbarie, sí a la muerte, sí a la traición. 

Y como el mundo gira y todo vuelve, tal vez esta película sirva de algo en una época como esta. Al menos a nosotros, que participamos en ella, nos cambió la vida. Supimos que al final, después de tanta oscuridad, de tanta sangre, de tanta muerte, de tantas traiciones, siempre habrá alguien para decir viva la vida, viva el amor, y viva contar historias como las que relata Hangar Rojo, historias como las que alguna vez nos contó el capitán de la Fuerza Aérea, Jorge Silva Ortiz:  

Y créanme, uno se siente libre, dueño de su propia vida. 

Luis Emilio Guzmán L, Guionista de Hangar Rojo, a estrenarse en salas chilenas en el mes de octubre.

También te puede interesar

Deja un comentario