Pasos en falso

por Gonzalo Martner

Se está iniciando el período presidencial de José Antonio Kast con pasos en falso de envergadura en materia de alineación internacional y de estilo gubernativo.

Kast participó en la reunión de gobiernos de América Latina y el Caribe afines ideológicamente a la administración Trump el 7 de marzo, pocos días antes de asumir la presidencia, en un campo de golf que es uno de los negocios privados del presidente de Estados Unidos. La instancia tuvo como supuesto objetivo «abordar materias de seguridad en la región como el narcotráfico, la inmigración y también la interferencia extranjera en el continente«, con la notoria ausencia de México, Brasil y Colombia, los países con más población de América Latina. En un documento firmado por Trump y otros representantes de los países presentes, aunque no aún por el Chile de Kast, se lee que «Estados Unidos entrenará y movilizará a los ejércitos de los países socios para lograr la fuerza de combate más efectiva necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar violencia y buscar influencia mediante la intimidación organizada» y que «Estados Unidos y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas procedentes de fuera del hemisferio occidental«. Como es su costumbre, Trump fanfarroneó con el poder estadounidense y señaló que “el corazón de nuestro acuerdo es el compromiso para utilizar fuerza militar letal para destruir las redes de los siniestros terroristas de los cárteles de una vez por todas”, para lo que se servirán de “armas asombrosas”, poniendo como ejemplo la incursión militar del 3 de enero en la que fue secuestrado el presidente venezolano, Nicolás Maduro. Trump añadió: «Necesitamos su ayuda. Solo tienen que decirnos dónde están… los líderes de esta región han permitido que grandes franjas de territorio en el hemisferio occidental queden bajo el control de pandillas transnacionales (…) No vamos a permitir que eso ocurra. Vamos a ayudar». Y enfatizó: «La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que usar nuestro ejército. Tienes que usar tu ejército (…) ¿Quieren que usemos un misil? Son extremadamente precisos. Lo mandamos directo a la sala de estar y se acabó el miembro del cartel«.

El compromiso forzado por Trump es impreciso, salvo en la voluntad de permitir bajo sus órdenes la acción de fuerzas militares estadounidenses en el esquema «Escudo de las Américas», sin que se sepa cuál es su fin, cómo se va a materializar ni quién lo va a autorizar.

Alinearse con Trump por parte de Kast es una actitud bastante inusitada en la vida política chilena, estableciendo una connivencia con el presidente de un país cuyos arrebatos misógenos y racistas son conocidos y cuyo comportamiento personal está lejos de ser ejemplar según la propia moral declarada de Kast, al punto de haber sido encontrado culpable por una corte de justicia el 30 de mayo de 2024 de 34 delitos graves. Y que sobre todo ha hecho saltar por los aires todo el entramado del derecho internacional construido desde 1945. Es con desparpajo un agresor que se considera con el derecho de usar la fuerza para secuestrar en Venezuela y asesinar en Irán a jefes de Estado, lo que las normas internacionales prohíben expresamente, más allá de lo repudiables que resulten esos jefes de Estado y sus regímenes, además de cometer asesinatos en aguas internacionales y bombardear naciones a su entera voluntad. El derecho internacional humanitario que permite intervenciones externas para proteger de la violencia extrema a poblaciones civiles indefensas -como la que ejerce el régimen teocrático iraní contra sus opositores mediante masacres periódicas- requiere de un aval internacional y no es lo mismo que la acción unilateral de un Trump que ni siquiera invoca razones humanitarias en sus actos de violencia ni respeta a su propio Congreso. 

El tema de fondo es que Chile es un país lejano de los centros de poder y que reúne al 0,25% de la población mundial. No hay presencia relevante de carteles ni es una ruta favorable para el narcotráfico. Sus principales recursos naturales exportables, el cobre y el litio, son importantes pero no exclusivos, por lo que requiere diversificar sus mercados. La integridad territorial del país depende de la estabilidad internacional y del respeto de los principios de soberanía: no está en condiciones estratégicas de enfrentar conflagraciones que puedan llevar a una agresión militar simultánea de sus vecinos, dos de los cuales mantienen reivindicaciones históricas de recuperación de territorio, de manera explícita en un caso e implícita en el otro. En la ley del más fuerte a lo Trump y Von der Leyen, Chile tiene todo que perder, por lo que sumarse a la idea de que el orden mundial debe basarse en la fuerza es una equivocación estratégica. Alinearse con un Estados Unidos declinante y de renovada conducta imperial no constituye garantía alguna en la materia, como ya fue el caso en otras etapas de la historia nacional, como tampoco lo es hacerlo con cualquier otro imperio. La estabilidad en Sudamérica y en sus fronteras depende crucialmente de un orden internacional basado en reglas multilaterales sólidas y respetadas. La participación de Kast en la reunión de Trump y Rubio al margen de la institucionalidad del hemisferio y que busca consagrar el fin de la legalidad internacional en el continente es un error manifiesto para el interés de Chile.

En estos días, además, Trump ha desatado con Israel una nueva guerra en Medio Oriente con consecuencias globales, directamente perjudiciales para Chile en materia de precios de la energía, fertilizantes y derivados del petróleo, que empujarán la inflación, y de limitaciones al comercio, que nos costarán empleos e ingresos. Y acaba de retirar las visas a funcionarios del gobierno chileno porque sus políticas de diversificación de inversiones que incluyen a China no le gustan, en un hecho insólito por su arbitrariedad y atropello a las decisiones independientes del Estado de Chile. 

Cabe insistir en que la economía chilena depende, por su tamaño y orientación, de una inserción provechosa y diversificada en la economía internacional. Sumarse a la voluntad proteccionista estadounidense de impedir intercambios económicos fuera de su esfera de influencia, es simplemente un error de marca mayor para la expansión económica futura. Chile nada tiene que ganar limitando los intercambios e inversiones con el espacio del Pacífico y con China y las economías asiáticas. Se trata de las más dinámicas del mundo actual y lo seguirán siendo en las próximas décadas, por lo que se han transformado desde hace ya tiempo en los principales mercados para las exportaciones y motores de la transición energética, crucial para un país que, como el nuestro, no dispone de combustibles fósiles.

Nada de esto impidió al presidente electo chileno alinearse con Trump, pues comparte con él propósitos y métodos de acción política. Comparte la orientación de gobernar deliberadamente para los intereses de las oligarquías económicas, como ya se puede presumir con los ministros nombrados por Kast que provienen de los principales conglomerados empresariales y su plan de disminución drástica del gasto público para financiar rebajas de impuestos a las grandes empresas y de relajación de las regulaciones protectoras de la población y del territorio. Y también parece augurarse una convergencia de métodos, con una escalada disruptiva y provocadora en la que Kast terminó retirándose de una reunión con Boric en La Moneda de manera abrupta y bastante poco educada, que después intentó enmendar. Y suspendiendo todas las reuniones de traspaso de gobierno, lo que francamente no tiene sentido alguno, salvo el de alinearse con el estilo trumpista de polarización y copamiento conflictivo de la esfera pública. Como guinda de la torta, el principal jefe de Estado asistente confirmado al cambio de mando en Chile, el presidente de Brasil, Lula da Silva, fue objeto de un agravio al invitarse a su contendor de ultraderecha en la elección de octubre próximo, el hijo del condenado por promover un golpe de Estado, Jair Bolsonaro. La consecuencia es que dejó de asistir a la ceremonia el presidente del principal país de América Latina. Así no se conducen las relaciones exteriores de Chile.

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1 comment

Malú Sierra marzo 12, 2026 - 1:56 pm

Muchas Gracias. Muy buena información.

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