Poemas con Inteligencia Artificial (IA), ¿Punto de inflexión?

por Dante Cajales Meneses

Un hombre mayor cruza el puente de Avenida Independencia. Camina detrás de un carro de sangre como si se tratara de una procesión fúnebre. El carro carga un robusto tablero. Un mesón para trabajos de carpintería y ebanistería. Necesita llevarlo desde el lugar donde trabajó por casi treinta años hasta su casa, en el barrio Matta Sur. El hombre ha sido reemplazado por una sofisticada gama de máquinas y procesos de automatización para crear muebles en serie. Una vanguardia para su tiempo. El relato pertenece al abuelo materno de mi hija, SánchezCaro. El hombre caminando a pie detrás del carro de sangre, el tatarabuelo. No es la primera vez que el ser humano se ve enfrentado al punto de inflexión que significa ser reemplazado por máquinas precisas y eficientes para fabricar bienes.

La primera vez que una máquina programada por seres humanos intentó escribir un poema fue el año 1959. Un armatoste del tamaño de una habitación que en su programa podía generar textos. El algoritmo creado por el matemático alemán Theo Lutz combinaba aleatoriamente sustantivos, verbos y conectores, dando origen a un texto supuestamente inédito. Veinticinco años después, en 1985 William Chamberlain y Thomas Etter crearon una máquina capaz de generar textos mediante un sistema de patrones de frases y módulos gramaticales predefinidos, combinados con una selección aleatoria de palabras. 40 años han pasado desde William Chamberlain y Thomas Etter, 66 desde Theo Lutz, y 80 años desde que el tatarabuelo de mi hija cruzó el puente Independencia detrás del carro de sangre que transportaba su mesón de trabajo y que ahora me tiene escribiendo esta nota.

Cuanto tiempo tendrá que pasar para que se relate que la última vez que se usó un bolígrafo, una pluma o un lápiz grafito sobre papel, y la experiencia humana para escribir un poema. Quizá esté sucediendo. Un amigo me explicaba casi como un niño con juguete nuevo, las bondades de la IA para escribir un poema: es rápido, eficiente, no pierdes tiempo. No pierdes tiempo, fue la frase que me quedó dando vueltas. “No pierdes tiempo” fue lo que me motivó escribir la nota de hoy. Lo que menos necesito como poeta, es rapidez o eficiencia para escribir un poema, si, rigurosidad. Un poema nacido de la más profunda experiencia humana; como el dolor, el miedo, el gozo, la felicidad, la solidaridad, la muerte, requieren todo el tiempo que sea necesario. En lo personal, guardo proyectos de libro, y no pocos, que quizá nunca sean publicados. En poesía se requiere tiempo, no contratiempo, sino tiempo. Ese tiempo que necesita la harina para leudar, el reposo del queso para madurar, o las características organolépticas del vino para estar listo. En poesía, se necesita una goma para escribirla. Es cierto, podrá la IA reemplazar el poema, no así a la poesía y el proceso artesanal de tiempo que se necesita para llegar al verso que sea musical, y con un profundo sentido de humanidad. Es lo que muchos poetas llaman “artesanía del poema”.

Poeta Jorge Teilleir, en su taller del Molino del Ingenio. Gentileza de Memoria Chilena

En mi escritorio todavía tengo lápiz, goma y papel. Objetos arcaicos, casi arqueológicos de una época pasada cuando hoy la escritura se hace directamente en el teclado y se lee, siempre o casi siempre, en alguna pantalla. No creo que las inteligencias artificiales sean capaces de crear poesía. Pueden, lo he comprobado, escribir textos que simulan (muy bien) ciertos modos de escritura normalmente asociados al poema: la rima, los temas comunes, los juegos del lenguaje. Pero confundir esa capacidad textual con creación poética es confundir la pirotecnia con la luz, y eso, no es poesía. La poesía se sirve de la inteligencia, sí, pero no proviene de ella, sino de la intuición. El proceso poético se nutre del no-saber, de las preguntas más profundas que nos podemos hacer como seres humanos. La poesía no es una respuesta, sino el silencio entre una pregunta y una posibilidad. Es una búsqueda, no de lo que sabemos, sino de lo que somos. Ser, el conflicto de existir y estar consciente de uno mismo, de cuestionarnos lo que somos de cara al cosmos y la trascendencia, es el centro del poema. No lo que puedan sumar los algoritmos a los que se recurre con nombre de IA. Me parece evidente que la inteligencia artificial (IA) será tan peligrosa como nuestra estupidez real si la humanidad no aprende a hacer preguntas inteligentes o correctas.

Poema de Jorge Teilleir, corregido de su puño y letra. Gentileza de Memoria Chilena

Poco a poco pareciéramos volver al origen. Preferir los tomates de huerta a los de supermercado. A la ropa reparada por la costurera del barrio a la ropa hecha en China, y al par de zapatos restaurados por el zapatero de la esquina. Igual que el tatarabuelo de mi hija, con su banco de carpintería y ebanistería en poesía hay que estar dispuesto a morir para necesitar escribir un poema como el ebanista para fabricar un mueble sólido, bello y duradero. Hay que poder soñar, extrañar algo, para perseguir el tono o la cadencia en la que puede eternizarse una imagen y una palabra en el poema. Tengo la sensación de que los poetas no desapareceremos ni ser parte de las estadísticas de desempleo. Cómo podríamos quedar cesantes si nunca hemos estado dentro del sistema. Con el paso del tiempo seremos algo así como eremitas, o el hortelano de la palabra custodio del lenguaje, capaz de expresar y compartir las más profundas experiencias humanas. La poesía seguirá estando ahí, para quien la necesite y pueda por, sobre todo, reconocerla. Para siempre.

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2 comments

Juan Eduardo Muñoz Osorio junio 26, 2025 - 1:46 pm

Excelente y cuanta razon tiene

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Vero junio 26, 2025 - 6:01 pm

Me identifico tanto con lo compartido,… Bravo!!! A seguir adelante con la expresión de sentimientos, explorando emociones.

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