El Beso

por Juan Enrique Piedrabuena

Un caótico día del que no me acuerdo,
como buenos amigos nos fuimos al concierto.
Se nos pasó la hora, se hizo de noche
y entonces decidimos irnos de gresca.

Bailamos apretados en un tugurio del puerto;
de nuestro abrazo saltaron chispas de pasión.
Las manos de mis muertos arrojaron
torrentes de crepúsculos a tus pies
y ya no pudimos despedirnos.

Dijiste que podía quedarme en tu casa.
Me pasé películas en blanco y negro;
esperé que pasara algo entre nosotros,
mis manos de carne sobre tu cuerpo vacío…

Teñida por el rojo del amanecer,
te esfumaste sin decirme nada
y desperté mirando el techo.

Pero tú, olorosa a pescado frito
como tugurio de mala muerte,
me despediste con un largo y frutoso beso.

El sabor de tus labios me hizo cerrar los ojos
como si ya hubiera muerto;
y confundido quedé,
interrogando al viento.

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