En tiempos de una altísima incertidumbre económica y geopolítica mundial, donde los medios y las redes sociales nos bombardean miles de veces y cada momento con el tema de la guerra, de la crisis mundial, de plazos fatales, de amenazas destrucción…. es difícil entender el comportamiento o el “sentimiento” de los mercados, especialmente bursátiles, que, según los medios especializados, como Bloomberg, están en plena euforia “como si el mercado hubiera decidido ignorar todo lo incómodo”: Wall Street cierra abril en máximos: S&P 500 y Nasdaq sellan su mejor mes desde 2020. Para Reuters el índice de referencia S&P 500 y el Nasdaq Composite, con fuerte contenido tecnológico, cerraron abril con sus mayores aumentos mensuales desde 2020. El S&P 500 subió más de un 10% en abril, mientras que el Nasdaq trepó por encima del 15% (Gráfico1).
Gráfico 1
Euforia del Standard and Poor’s: 2021-2026

El común de la gente pensaría en cómo es que el mundo se cae, pero las bolsas están en su máximo y, si es así, mejor dejaremos de preocuparnos, escuchar, chatear y leer las noticias e invirtamos en las bolsas ya.
El Índice de Riesgo Geopolítico
En teoría y como dicen los manuales de economía, la alta incertidumbre política no genera un buen clima para los mercados, que como las almas piadosas tienen un sentimiento muy sensible a cambios, shocks políticos. Por eso, la democracia y la estabilidad política son una condición para el desarrollo. En finanzas, la aversión al riesgo es la tendencia de las empresas a preferir resultados con baja incertidumbre en comparación a otros mejores resultados pero con alta incertidumbre. Esta aversión es hacia factores no controlables y ajenos a la empresa como en el entorno macroeconómico y político, para tal efecto se consultan diversos índices que tratan de medir la incertidumbre económica y política.
Los organismos internacionales utilizan índices de incertidumbre de política económica y comercial, pero el Índice de Riesgo Geopolítico (GPR por sus siglas en inglés) creo que explica mejor la crítica situación actual a nivel global. El GPR es un índice que se calcula contando el número de artículos relacionados con eventos geopolíticos adversos en cada periódico, 10 son los seleccionados a nivel mundial, para cada mes y como una proporción del total de artículos de noticias. La medición de eventos geopolíticos adversos y riesgos asociados se basa en un recuento de artículos periodísticos sobre tensiones geopolíticas, examinan su evolución y efectos económicos desde 1900. El índice de riesgo geopolítico (GPR) se dispara en torno a las dos guerras mundiales, al inicio de la Guerra de Corea, durante la Crisis de los Misiles de Cuba y después del 11-S. Un mayor riesgo geopolítico presagia una menor inversión, precios de las acciones y empleo. Un mayor riesgo geopolítico también se asocia con una mayor probabilidad de desastres económicos y con mayores riesgos negativos para la economía global.
Clasifica la información y las noticias en ocho categorías: Amenazas de Guerra (Categoría 1), Amenazas de Paz (Categoría 2), Aumento de Fuerzas Militares (Categoría 3), Amenazas Nucleares (Categoría 4), Amenazas Terroristas (Categoría 5), Inicio de la Guerra (Categoría 6), Escalada de Guerra (Categoría 7), Actos de Terrorismo (Categoría 8).
Gráfico 2
Índice de Riesgo Geopolítico (GPR): enero de 2022 a 1 de mayo de 2026

En los últimos años, el GPR alcanza un máximo en la Guerra de Ucrania, registrando un índice de 334 el 21 de marzo de 2022 y luego llega a un segundo máximo en la Guerra contra Irán el 31 de marzo con un índice de 323 (Gráfico 2). La trayectoria del índice en estos 4 años es muy volátil sobresaliendo los peaks en varios eventos. La tendencia reciente, después del segundo máximo observado, estaría declinando en el marco de la tregua decretada por Trump pero todavía está en sus niveles más elevados (258) y esperando las declaraciones diarias de Trump sobre el curso de las negociaciones con Irak.
¿Economía de Guerra?

Los comentarios analíticos y la tendencia noticiosa actual dan la impresión de que la crisis actual mundial está más asociada a una “tragedia de errores de Trump” como escribe el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz:
Al igual que los reyes de antaño, el presidente estadounidense, Donald Trump, un hombre mentiroso e impulsivo, no está sujeto a ningún control por parte del poder legislativo y está rodeado de psicópatas que solo le dicen lo que quiere oír.
Sin embargo, el problema se remonta un poco más atrás, al siglo pasado para ser exactos, y está relacionado con un tipo especial del modo de funcionamiento de la economía estadounidense muy ligada al tema de la guerra, a la seguridad nacional y al funcionamiento del complejo industrial-tecnológico-militar.
Según Copilot Search: “Históricamente, la economía de guerra se ha implementado en conflictos como la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde los Estados adoptaron medidas de planificación centralizada, racionamiento y reconversión industrial. En la actualidad, el concepto también se utiliza en sentido figurado para describir situaciones de emergencia extrema, como pandemias, guerras comerciales o desastres naturales, donde se aplican herramientas de control estatal similares”.
El concepto tradicional entiende la economía de guerra como un sistema económico en el que el Estado toma el control total de los recursos y la producción para sostener un esfuerzo bélico o enfrentar crisis extremas. Está muy asociado al enfoque keynesiano de expansión vía el Gasto Público. En su concepto más moderno y como producto del atentado de las Torres Gemelas, del World Trade Center, James K. Galbraith define la economía de guerra como “el conjunto de contingencias llevadas a cabo por un estado para movilizar su economía con vistas a la producción bélica”. Pero va más allá al entender que en una economía de guerra, la obligación pública es hacer lo necesario: apoyar al esfuerzo militar, para proteger y defender el territorio de origen, y especialmente para mantener el bienestar físico, la solidaridad y la moral de la población. [ Galbraith, J, K. 2001. “The Meaning of a War Economy”].

Sin embargo, como resultado del 11-9 Dick Cheney, vicepresidente de George Busch, dijo que se transformó en “un hombre decidido a vengar los ataques orquestados por Al Qaeda y a proyectar el poder estadounidense en Medio Oriente bajo una doctrina neoconservadora de guerra preventiva y cambio de régimen”. Cheney fue el verdadero artífice de la guerra contra el terrorismo y de las guerras contra Irak y Afganistán que marcaron los inicios del siglo XXI. Por último, nos hace recordar los actuales momentos puesto que: “Las agresivas políticas antiterroristas de Cheney se enmarcaban en una doctrina personal que justificaba poderes presidenciales extraordinarios con una supervisión limitada del Congreso” ¿Quién fue Dick Cheney, el llamado artífice de la “guerra contra el terrorismo” y poderoso exvicepresidente de EE.UU.? | CNN
La guerra contra el terrorismo tiene por objetivo destruir sistemáticamente a los grupos terroristas, sus redes de apoyo y eliminar el patrocinio estatal al terrorismo y se convirtió en el eje central de la política exterior de los EUA desde principios de siglo hasta el momento actual. Como concluye Owen M. Fiss:
La guerra contra el terrorismo –expresión política que se ha empleado para movilizar a la sociedad estadounidense hacia sucesivas guerras después de los ataques del 11 de septiembre– ha tenido consecuencias especialmente gravosas para Estados Unidos, pero muy especialmente para la Constitución y el imperio del derecho. r24124.pdf
El concepto más amplio nos recuerda las palabras utilizadas por Trump, empezando por el tema de la Guerra Comercial desde el 20 de enero de 2025 pasando por el 3 de abril, el Liberation Day, Estados Unidos está bajo ataque, cuando sostenía que EUA estaba siendo amenazado y atacado por sus importaciones provenientes de países que aplican prácticas comerciales desleales con objeto de destruir el aparato productivo por lo que había que proteger su producción nacional, su territorio y sus trabajadores para lo cual el Estado asumía su rol protector a través de la guerra arancelaria para defender su seguridad económica y seguridad nacional. Acusó a los países de tomar “a nuestra nación como rehén y dañar catastróficamente nuestra economía”. Su base legal, Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 fue cuestionada por la Corte Superior y tuvo que acatar la orden de devolver los impuestos arancelarios recaudados: algo más de 150 mil millones de dólares.

En noviembre de 2025 sacó su Estrategia de Seguridad Nacional donde define su rol protector de la economía, del modo de vida frente ataques del extranjero:
Queremos proteger este país, su gente, su territorio, su economía y su modo de vida frente a ataques militares e influencias extranjeras hostiles, ya sea espionaje, prácticas comerciales depredadoras, tráfico de drogas y personas, propaganda destructiva y operaciones de influencia, subversión cultural o cualquier otra amenaza para nuestra nación.
Para tal efecto se requiere “reclutar, entrenar, equipar y desplegar al ejército más poderoso, letal y tecnológicamente avanzado del mundo para proteger nuestros intereses” y lanza el nuevo concepto de economía de guerra:
Queremos la base industrial más robusta del mundo. El poder nacional estadounidense depende de un sector industrial fuerte capaz de satisfacer tanto las demandas de producción en tiempos de paz como de guerra. Eso requiere no solo capacidad directa de producción industrial de defensa, sino también capacidad de producción relacionada con la defensa. Cultivar la fortaleza industrial estadounidense debe convertirse en la máxima prioridad de la política económica nacional.
Los gastos en Defensa
Desde el comienzo de la operación el pasado 28 de febrero, el Pentágono estima que la guerra contra Irán ha costado a Estados Unidos 25.000 millones de dólares, principalmente en municiones, declaró el miércoles 29 de abril un alto funcionario del Departamento de Guerra. La solicitud presupuestaria del Departamento de Defensa (DoD sigla en inglés) para 2026 ascendió a 961.000 millones de dólares, incluidos 113.000 millones de dólares en fondos proporcionados por la ley de reconciliación de 2025. Ajustado por inflación, esa solicitud fue una de las mayores de los últimos 50 años. DoD’s 2026 Budget Request and Plan for Funding Provided by the 2025 Reconciliation Act El DoD, es responsable de proporcionar las fuerzas militares necesarias para terminar con las guerras y proteger la seguridad de los Estados Unidos.
Gráfico 3
Financiación histórica y costes proyectados para el DoD hasta 2040
Miles de millones de dólares de 2026

El problemita es que el déficit fiscal en 2025 fue de 5,8% del PIB y la deuda pública un 99,4% del PIB y los aranceles recaudados de 194,900 millones de dólares empezaron a devolverse por el fallo de la Corte y representaban el 20,3% del requerimiento de defensa para 2026.
Es muy probable que si se prolonga la “intervención militar” más allá de las “pocas” semanas estimadas por Trump, ya vamos para el tercer mes, y si no se logra la aprobación del Congreso de los mayores gastos de defensa, podría pasar con la Guerra de Irán algo similar a lo que le sucedió a la Guerra Arancelaria, que sea declarada sin fundamento jurídico al no ser autorizada por el Congreso de los Estados Unidos, que adicionalmente se declare que se han cometido crímenes de guerra y que se postule que la Administración Trump debería pagar los gastos de reparaciones de guerra, los gastos visibles, puesto que es imposible reparar las vidas humanas, cubrir los costos en la vida y supervivencia de la población, especialmente de bajos ingresos, no solo en la zona de guerra sino a nivel mundial.